Acabé el año con La chica que no sabía arrodillarse y comienzo el año con El bosque sabe tu nombre. Dos historias, dos vidas, dos mujeres, dos “E” y dos caras de una misma moneda. Con Etty descubrí y acepté con más intensidad mi conversación interna con Dios y con el mundo. Con Estrella me llevo la fuerza para dar pasos firmes sin que las opiniones de los que no saben mi verdad me tambaleen fuera del verdadero camino de mi alma. Aún necesito que sus ojos llenos de fuego y de bosque se integren en mí, pero sé que lo voy a conseguir. Y quizás que el lobo consiga acabar de engullir mis dudas.

Gracias Etty, gracias Daniel Camarero, gracias Eulalia.

Gracias Estrella, Alaitz Leceaga, Gracias Ana.

Caterina.