MANERAS DE VIVIR

Hace meses quemé todos mis diarios y una llama verde fue la traca final. Entré al año nuevo chino soltando, ni yo sabía lo que soltaba ni tampoco sabía todo lo que me quedaba por soltar.

Hace tanto que no escribo por escribir, por hablar conmigo y por tanto contigo… porque he estado viajando, sí, ya sabes, ese viaje que hago en mi día a día por muy mundano que parezca para todo aquel que no sabe VIVIR, que no digo que sea lo mismo que vivir, hay diferencia, pero no voy a ser yo quien la juzgue. O quizás me equivoco y solo sea apariencia y solo sean unas letras en mayúscula y otras en minúscula, quizás en realidad no hay nada distinto, ya sabes, cómo todo en esta vida que no es lo que parece… y en el fondo todo es igual.

Bueno déjame jugar con las palabras, déjame perderme y bañarme en ellas. Hoy no quiero pensar, hoy quiero compartir, creo que es de las cosas que más feliz me hace: COMPARTIR. Sea una mirada, un abrazo, una sonrisa, una lágrima, un problema, un beso, un sueño, una caña o una vaso de agua.

Te contaba que he estado viajando… sí mi boca ha comido con las manos, me he chupado el pesto rosso de los dedos y he sentido placer por comer, he conocido a artesanos, y chicos que hacen volar bolas de cristal. Me han ofrecido LSD a las 12 del medio día mientras cosía una funda de cuchillo de cuero, tachán… siempre he tenido tan claro que no quiero drogas, he visto a tanta gente drogarse delante de mí que he aprendido a respetar, y también a que me respeten. Pero ya tengo bastante con mis viajes siderales y mis conversaciones con espíritus, como para tomarme cosas que no sé ni como me van a sentar. También le he quitado un pendiente a un hombre en mitad de la calle porque él no podía y me ha contado que se iba a un concierto de Metallica con su hija, me he sentado al lado de alguien que lloraba en la estación de tren y acabamos tomando pizza y riendo como viejas amigas en Vilareal… he hecho amigos en una lavandería mientras esperaba a que mis alfombras se secaran. En tres meses han pasado tantas personas a través de mí, que todas vuestras vidas se han entrelazado con las mías, toda vuestra vida se ha unido a la mía y siento que he recorrido el mundo entero y sin salir del centro de Castellón… Somos tan brutales los seres humanos, somos tan irremediablemente increíbles, que no nos creemos lo maravillosos que somos y lo estropeamos estropeándonos.

He tenido como compañeras de piso a cuatro plantitas que he visto crecer, y ellas me han visto crecer a mí, son tan espectaculares las plantas, tanta sutileza que apreciar y… tanto tantísimo que aprender.

He dejado de tener pareja, sí y me he enamorado de mí como nunca. He llorado como una niña y me he abrazado como una madre, como una amiga. He gritado para sacar todo lo que guardaba en mi corazón, me he roto a pedazos y me he vuelto a reconstruir. He bailado desnuda y he acariciado cada centímetro de mi piel.

He descubierto infinitas maneras de vivir, y me he guardado los pedazos que me hacen feliz, esos que me hacen sentir en paz.

He descubierto que los humanos somos Dioses encarnados en este planeta, Dioses que se han recubierto de ego y de miedo. He descubierto que todos somos exactamente lo mismo, que no hay nadie especial, que esa palabra mal usada crea confusión y destrucción. (Cada día pido a la Divinidad que hay en mí, que rompa todo mi ego, que me abra al amor, cada día repito la misma petición, cada día agradezco que así sea. Gracias Dios.)

He viajado tanto… que quiero descansar. Y ese en mi siguiente paso: Me  permito descansar. Algo que no me he permitido nunca, siempre ha sido un descanso falso, un descanso cubierto de ansiedad, un descanso lleno de hacer y no de ser. Y yo ahora quiero ser y no hacer. Quiero respetar e integrar todos mis cambios, quiero cerrar sin abrir. Y quiero abrir sin cerrar. Abrir mi corazón al amor, abrir mi corazón a la paz que hay en mi interior. Puede que me entiendas o puede que no… pero yo sé de que hablo. Hablo de tratarme diferente, de tratarme con calma, con amor, con respeto, con paciencia y calor. Hablo de ser hija de nuevo, de ser niña, de ser todo lo que no me he permitido ser. Siempre con esa responsabilidad pegada a los hombros de salvar al mundo, siempre con ese rol de mayor, de perfección egocéntrica, esa que destruye en vez de construir. Quiero colocar mi estrella en el lugar que le corresponde a mi constelación y dejar que sea mi gravedad la que atraiga lo que mi mundo realmente es. Yo suelto el volante porque una vez entro, la partícula se expande, y la corriente me lleva al mar.

Y luego dicen que en Castellón no hay nada para ver, nada que hacer… Hay gente, hay vida, hay magia, hay arte, hay música, hay luz, hay lo que estés dispuesto a ver. Te voy a echar de menos segunda casa, te amo mucho, tú me has visto crecer, tu me has ayudado a verme, tu me has ayudado a ser. Gràcies Castelló t’estime sempre!

Caterina.

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