Gelato al pistacchio

Hace un año, dije sin pensar que mi helado favorito era el de pistacho. La verdad que nunca me había planteado seriamente cual era mi helado favorito, pero la persona que me hizo la pregunta parecía ansiosa por recibir una respuesta por mi parte, así que elegí uno de los que más me gustaban. Creo que me daba miedo etiquetar como favorito un helado. ¿Qué tontería verdad? No, no es ninguna tontería. Cada detalle, por más simple que parezca, es un reflejo de nuestros yos más profundos.

Ahora, reflexionando sobre ello y después de todo lo vivido los dos últimos meses de 2017, puedo observar como era un reflejo de mi miedo a etiquetarme en una sola cosa sin posibilidad de cambio. Era la sensación de comprometerme para siempre con algo, sintiendo que aún necesitaba explorar otros algos para asegurarme que ese algo era el que me hacía sentir bien y el que encajaba conmigo.

Durante mucho tiempo he vivido con ese miedo y esa ansiedad de tener que dar ya una respuesta de quien soy y que quiero. Pero descubrir quien soy, no es algo que haya descubierto en dos días. Ha sido un camino largo que sigue hasta el infinito, pero que por fin está lleno de luz y claridad, gracias a mi constancia.

Es un camino que no se nos enseña en la escuela, al menos no en las que yo he ido. Se fomenta el aprender lo exterior, aprender lo que se supone que necesitamos para la vida. Se nos exige que sepamos contestar que queremos ser de mayores sin ni siquiera prestar atención a lo que somos en ese preciso presente. Siempre mirando al futuro, cuando todo está y és en el presente. Esto quizás sirva a algunas personas. A mi personalmente no me sirvió. Me sirvió y me sirve: probar, experimentar, meditar, encontrar el sentido de las cosas sin que la respuesta sea: esto es sí porque sí o no porque no.

Yo necesitaba entrar dentro de mí para conectar con ese compromiso, con esa elección. Y cuando lo he conseguido, he encontrado la libertad, la libertad de no sentirme culpable por cambiar. Porque todo cambia. Todo excepto la esencia verdadera. Y cuando he conectado con esa esencia, todo puede cambiar fuera, mientras todo se mantiene dentro. Yo permito los cambios siendo observadora, pero al mismo tiempo me mantengo firme desde lo mas profundo de mi ser.

Esto me ha permitido poder decir que mi helado favorito es el de pistacho con una gran sonrisa en mi alma, porque sé que si algún día el helado de pistacho deja de ser mi helado favorito, no voy a sentir que he roto un compromiso. Porque el verdadero compromiso conmigo misma es mucho más profundo, no es algo tangible. Al mismo tiempo sé que al romper con el miedo, he roto la resistencia, y por tanto es más fácil mantenerme constante en mi elección, en mi compromiso con el helado. Ha desaparecido mi miedo a perderlo, mi necesidad de controlarlo.

Como todo, mi analogía es dual, los extremos se tocan y el equilibrio es la respuesta.

Hoy después de un año, estoy de nuevo en Italia con un helado de pistacho en la mano y sintiéndome la persona más afortunada del mundo.

¿Se puede ser más feliz que cuando valoras y agradeces cada segundo de tu vida? Para mí es la clave.

Me siento muy afortunada.
¡Gracias por un día maravilloso Deb!

¡Gracias vida!

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